8 Noviembre 2009
PAGINA CULTURAL
De Tacaná a Chicago, media descomunal distancia. Sin embargo, Tío Lacho se llevó incalculables costaladas de
historia en las espaldas de su entedimiento. Y lo hizo, estoy seguro, para rumiar con asequible placer, los tiempos
marvillosos de la niñez. Yo no sé como lo consiguió el Tío, pero sin importar el hecho de que hubiese traspasado
la frontera por vía legal o como un típico mojado, él pudo llevar ese vasto equipaje, que algún día complementará
la historia del pueblo que dejó perdido en la distancia.
Me satisface sobremanera, imaginar al Tío, caminando por las calles de Chicago, balanceándose como
"La Animasola", con su gigantesca corona adornada con rosas carmesí y cuatro tétricas veladoras. Casi lo veo
remedando a esa muerte flaca y peluda, de inmaculada vestimenta y preludio de las correrías desenfrenadas de las
noches de verano. La muerte penitente con la flecha apuntadora entre sus huesudas manos. La muerte insoslayable,
que muchas veces cumplió su promesa dando gusto al gancho criminal de su guadaña y, otras, se hizo la desen-
tendida, dejando a muchos la mortificación de cargar con el estorbo de la vejez por dilatados años.
La muerte, sueño estelar de "Alberto Quiromancia" ó de Rodemildo Robles, personajes de la tradición que
pretendieron perpetuarse, disputándose el honor de representar a la multiplicadora de finados en los bucólicos convites.
La muerte, comandante de las otras muertes. La escuálida mujer del delirium tremens, corriendo a la turba enarde-
cida con su varejón de membrillo, listo para vejar el culo parado de la mozuela pueblerina o para quitar la presunción
al traidito envaselinado. La muerte, a quien todos tememos, sin saber, muchas veces, que la llevamos dentro de la
existencia. La Señora segadora de la vida a quien los indios ladinizados o los ladinos aindiados rendimos culto
como queriendo vanamente, hacer caso omiso de sus desiginos.
La muerte que paulatinamente, venía, diezmando al pueblo porque "Dios así lo quería" y que cuando sucedió la
negra pesadilla de los generales, se hizo afecta a los desmanes y efectuó desmoches de infortunio y vileza,
llevándose a cuestas hasta quienes se atrevían a lanzar una tímida mirada a sus patrocinadores.
Cuando Tío Lacho se marchó del pueblo, esto último no había sucedido y él era un niño que soñaba entre
una ronda de capiruchos, "canchinflines", trompos y barriletes de colores. El ya no se dio cuenta cuando hizo
su aparición por el pueblo, aquel émulo de campeador apodado "Guarapón" que hizo marchar como gendarmes a
todos los de su edad alrededor del parque central y, el muy payaso, caminó desnudo por toda la calle real, sin más
indumentaria que la jovialidad de su noble corazón (conste que "Guarapón" es invento de la imaginación).
Dejé de ver a Tío Lacho cuando él era un niño que frisaba los nueve años. Su pelo era de color de cera meca.
Su cara simpatiquísima, tirándole un poco a efigie tallada en pepita de marañon. Tenia unos ojos claros escondidos,
que arrastraban un hilo de melancolía en su mirar profundo. Algunos lo "chingaban", diciédole que tenia cara de
gringo arrepentido y él, siempre noble, con una sonrisa de indiferencia ante los insultos y los atropellos. Él siempre
con una mueca tierna y de buen cuate en su rostro niño.
Ahora que los años han pasado, yo digo que Tío Lacho es de los hombres que nacieron para cargar la bondad
hasta la tumba. Yo lo he recordado tantas veces en mis estíos de pesadumbre. Lo he visto venir en la distancia con su
caminar de balanceo: lento, calculador, como queriendo derrumbar aquellas casas que ya no existen de aquel pueblo
que ahora ya no es el mismo. El pueblo mío, el pueblo suyo, y que, Tío Lacho (ahora comprendo) no quería dejar sin
casas con ese su caminar de balanceo, sino que, con toda su alma.Él deseaba llevárselo con disimulados empujones
y para evitarle el sufrimiento, allende los campos de Chicago.
Comenzó diciembre del año dos mil uno, mis ojos se alegraron con la figura madura de Tío Lacho. Mi corazón
brincó acelerado cuando volví a estrechar su franca mano. Hoy el tío es un fornido templo. La melancolía que antes
se le notaba a leguas, la debe tener guardada en lo más profundo de su corazón, en el lugar destinado a los perdones.
Deseo que Roberto Ruiz, el venerable Tío Lacho de mis años niños, con esa vena poética que heredó del pueblo
que aún ama, algún día nos transmita sus más caros sentimientos. Esperaré que regrese, que vuelva a caminar
como cangrejo triste, que se venga empujando los edifícios de Chicago pero.... Que regrese a comtemplar apacible,
los destellos de su otoño.
Guatemala, 02 de diciembre de 2001.
César Augusto (Tito) Espinoza Villatoro.
Galardoneado escritor Guatemalteco, miembro fundador del grupo literario Vértice.
Chemealón No. 2 Febrero de 2002
MAL DE PATRIA -
Literatura Cibernética Versos, Cuentos Y Mas...
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14 Noviembre 2008
Cimbra, Marimba tu canto
melodías de cristal
y tiembla la cordillera
cuando vibra tu madera
de sonoro instrumental.
Marimba, tu arpegio de oro
es un poema canoro
que se quiebra en madrigal
de dulce melancolía
y al tornarse en poesía
se vuelve épico y triunfal.
Por eso, la raza entera
tanto te quiere y te admira
y el que está lejos suspira
por tus notas de turpial,
por que eres, marimba lira
la pauta donde se inspira,
la leyenda del Quetzal.
Marimba
me han dicho que te labraron
en lejanos astilleros;
que extrañas manos tallaron
tus teclas en los maderos
de Honduras o Yucatán
pero no, eso es mentira:
ni eres hija de Lempira
ni gloria de Yucatán.
Tu naciste en ésta tierra,
tu abolengo es de mengala,
maderas de Guatemala,
que sembró Tecún Umán.
Autor: Rudy Solares Gálvez
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16 Febrero 2007
PAGINA CULTURAL

TIO LACHO
De Tacaná a Chicago, media descomunal distancia. Sin embargo, Tío Lacho se llevó incalculables costaladas de historia en las espaldas de su entendimiento. Y lo hizo, estoy seguro, para rumiar con asequible placer, los tiempos maravillosos de la niñez. Yo no sé como lo consiguió el Tío, pero sin importar el hecho de que hubiese traspasado la frontera por vía legal o como un típico mojado, él pudo llevar ese vasto equipaje, que algún día complementará la historia del pueblo que dejó perdido en la distancia.
Me satisface sobremanera, imaginar al Tío, caminando por las calles de Chicago, balanceándose como “La Animasola”, con su gigantesca corona adornada con rosas carmesí y cuatro tétricas veladoras. Casi lo veo remedando a esa muerte flaca y peluda, de inmaculada vestimenta y preludio de las correrías desenfrenadas de las noches de verano. La muerte penitente con la flecha apuntadora entre sus huesudas manos. La muerte insoslayable, que muchas veces cumplió su promesa dando gusto al gancho criminal de su guadaña y, otras, se hizo la desentendida, dejando a muchos la mortificación de cargar con el estorbo de la vejez por dilatados años.
La muerte, sueño estelar de “Alberto Quiromancia” ó de Rodemildo Robles, personajes de la tradición que pretendieron perpetuarse, disputándose el honor de representar a la multiplicadora de finados en los bucólicos convites. La muerte, comandante de las otras muertes. La escuálida mujer del delirium tremens, corriendo a la turba enardecida con su varejón de membrillo, listo para vejar el culo parado de la mozuela pueblerina o para quitar la presunción al traidito envaselinado. La muerte, a quien todos tememos, sin saber, muchas veces, que la llevamos dentro de la existencia. La Señora segadora de la vida a quien los indios ladinizados o los ladinos aindiados rendimos culto como queriendo vanamente, hacer caso omiso de sus designios. La muerte que paulatinamente, venía, diezmando al pueblo porque “Dios así lo quería” y que cuando sucedió la negra pesadilla de los generales, se hizo afecta a los desmanes y efectuó desmoches de infortunio y vileza, llevándose a cuestas hasta quienes se atrevían a lanzar una tímida mirada a sus patrocinadores.
Cuando Tío Lacho se marchó del pueblo, esto último no había sucedido y él era un niño que soñaba entre una ronda de capiruchos, “cachinflines”, trompos y barriletes de colores. El ya no se dio cuenta cuando hizo su aparición por el pueblo, aquel émulo de campeador apodado “Guarapón” que hizo marchar como gendarmes a todos los de su edad alrededor del parque central y, el muy payaso, caminó desnudo por toda la calle real, sin más indumentaria que la jovialidad de su noble corazón (conste que “Guarapón” es invento de la imaginación).
Dejé de ver a Tío Lacho cuando él era un niño que frisaba los nueve años. Su pelo era de color de cera meca. Su cara simpatiquísima, tirándole un poco a efigie tallada en pepita de marañon. Tenía unos ojos claros escondidos, que arrastraban un hilo de melancolía en su mirar profundo. Algunos lo “chingaban”, diciéndole que tenia cara de gringo arrepentido y él, siempre noble, con una sonrisa de indiferencia ante los insultos y los atropellos. Él siempre con una mueca tierna y de buen cuate en su rostro niño. Ahora que los años han pasado, yo digo que Tío Lacho es de los hombres que nacieron para cargar la bondad hasta la tumba. Yo lo he recordado tantas veces en mis estíos de pesadumbre. Lo he visto venir en la distancia con su caminar de balanceo: lento, calculador, como queriendo derrumbar aquellas casas que ya no existen de aquel pueblo que ahora ya no es el mismo. El pueblo mío, el pueblo suyo, y que, Tío Lacho (ahora comprendo) no quería dejar sin casas con ese su caminar de balanceo, sino que, con toda su alma, Él deseaba llevárselo con disimulados empujones y para evitarle el sufrimiento, allende los campos de Chicago.
Comenzó diciembre del año dos mil uno, mis ojos se alegraron con la figura madura de Tío Lacho. Mi corazón brincó acelerado cuando volví a estrechar su franca mano. Hoy el tío es un fornido templo. La melancolía que antes se le notaba a leguas, la debe tener guardada en lo más profundo de su corazón, en el lugar destinado a los perdones.
Deseo que Roberto Ruiz, el venerable Tío Lacho de mis años niños, con esa vena poética que heredó del pueblo que aún ama, algún día nos transmita sus más caros sentimientos. Esperaré que regrese, que vuelva a caminar como cangrejo triste, que se venga empujando los edificios de Chicago pero… Que regrese a contemplar apacible, los destellos de su otoño.
Guatemala, 02 de diciembre de 2001.
César Augusto (Tito) Espinoza Villatoro.
Galardonado escritor Guatemalteco, miembro fundador del grupo literario Vértice.
Chemealón No. 2 febrero de 2002
Recopilado de “Mal de Patria”, Literatura Cybernética, Versos, Cuentos Y MAS...
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18 Enero 2007
Déjame bañarme de ti
En tu sonrisa de rocío,
Une tus labios a los míos
Y no me dejes de besar
Permíteme divagar
Pues mi alma siente frío.
Déjame bañarme de ti
De tu mirada clara,
Como las olas del mar
Y deja mi cuerpo descansar
En la espuma de tu agua
Hoy mi sed quiero saciar
Y la arena nos separa.
Déjame bañarme de ti
En ésta noche de luna,
Quiero rozar tu piel madura
Y acariciar tu pelo cano
Como otoño lejano
Que un día ha de llegar
Déjame bañarme de ti,
En el remanso de tus brazos
Que en esta noche oscura
Ellos me han de acariciar
Entonces volveré a soñar
Con el pudor de tus abrazos
Déjame bañarme de ti
De tu recuerdo sagrado
Que en éste país lejano
Me acompaña en mi soledad
En mis nostalgias has de perdurar
Como el hombre que más he amado.
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9 Enero 2007
Cómo me pesa ésta tarde Fría y oscura y moribunda
Que trae consigo mis recuerdos taciturnos
Evocados en tu ausencia que como llama arde
Y arrastrados por el viento que hoy abunda
En éste frío sepulcral del otoño en turno
Porque he vivido en agonía
Y sin comprender las ironías
Lloro en mi desencanto
Por la patria que quiero tanto
Y a la que he de regresar un día,
A disfrutar del verdor de sus campos
¿Cómo mermar la inquietud?
Que en ésta tarde me ahoga
¿Por qué no hay consolación?
Para el ser que añora
El suelo en donde nació
Y los recuerdos de su juventud
Si pudiera regresar el tiempo
Y jugar bajo la lluvia en la quebrada
Abrazaría con fervor todos mis sueños
Esos sueños que de niña yo anhelaba
Y que se esfumaron como agua en el desierto
En éste país del fallido ensueño
Qué poder tiene el olvido
Que no permite olvidar
El amor de un buen amigo
Y la magia de una cena familiar
Bajo el color y el abrigo
Del bello cielo nacional
Contrariedad de colores
De aromas y sabores
Los que tiene ésta estación
Porque es otoño y es noviembre
Pero el frío no es igual
A el de noviembre en Rabinal
Tristemente caen las hojas
Y su llanto me distrae
Mientras yo sigo aquí sentada
Acompañada de mi soledad atolondrada
Que a mis espaldas murmura mis congojas
En éste desfallecido celaje
En el presagio de éste anochecer
Le suplico al Creador
Que me conceda el honor
De volver a mis padres abrazar
A mis hermanos y amigos agradecer
Por cultivar el amor del cual puedo gozar
La noche ya cayó y contigo quiero soñar
El día ha de llegar en que vuelva a disfrutar
De tus albas en la cima de un volcán
Y el lento oscurecer allá en Teculután
Eres tú mi talismán y la musa de inspiración
Aquí te envío éstos versos reina de mi corazón.
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9 Enero 2007
Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre.
La naturaleza la ha dotado a mansalva del "instinto maternal" con la finalidad
de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa
criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura.
Pero gracias al "instinto maternal" la mira embobada, la encuentra
preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años.
Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar
pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse
delgada.Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de
que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen,
tomen leche.Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los
estudios,las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan
a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada…
Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y,
cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar.
Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita,
se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas.
Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y
sonreír cuando los ve sufriendo.Es servir de niñera, maestra, chofer,
cocinera, lavandera, medico,policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.
Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan.
Es decir, que "son cosas de la edad" cuando la mandan al carrizo.
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que
llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre.
El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance
a retribuirles parte de lo que han hecho. Lo dejan a uno desvalido, culpable e
irremisiblemente huérfano.
Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.
Colaboración: Miriam Oliva
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9 Enero 2007
Municipio de Jutiapa, tus hijos de descendencia mulata oriental,
Escondida entre cerros y polvozos caminos de edad ancestral;
Allá donde el sol buscó su cuna como abrigo para descansar su radiante luz,
Al recordarte tierra querida mi corazón carga una cruz.
Casas de adobe y palma cubiertas de fina teja,
El destino amargo de ti tierra me aleja;
Me fui de tu lado siendo una niña feliz,
En una tarde de agosto lluviosa y gris.
Oh! Comapa amada Ah! Dolor sangriento,
Pues lo que llevo dentro desde que me alejé de ti;
Fue en ti donde por primera vez la luz yo vi,
Fuiste tu quien me arrulló cuando la noche me cubrió el día en que nací.
En mi alma sangra una herida que no puedo yo curar,
Y es el estar lejos de ti y no poderte acariciar;
Y con un nudo en el pecho que de dolor me hace llorar,
Es por ti Comapa mía por quien yo voy a luchar.
El dulce recuerdo de tus ríos y quebradas,
Cuando por las tardes de niña me paseaba;
Extraño el café cocido en olla de barro a la hora de la oración,
Tierra querida desde donde me encuentro te entrego mi corazón.
Tan sólo un deseo a mi Dios le pido,
Que me lleve a Comapa a dar mis últimos suspiros;
Que me puedan enterrar en mi tierra idolatrada,
Y que me puedan cubrir con esa tierra perfumada.
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9 Enero 2007
Yo pienso en ti, tú vives en mi mente
sola, fija y sin tregua a toda hora
aunque talvez el rostro indiferente no
deje reflejar sobre mi mente
la llama que en silencio me devora.
En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura
como el rayo de luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
Callado inerte y sin estupor profundo
mi corazón se embarga y se enajena
y allá en su centro vibra moribundo
cuando en vano el estrépito del mundo
la melodía de su nombre suena...
Sin lucha...sin afán y sin lamento
sin agitarme, en ciego frenesí...
sin proferir un leve acento
las largas horas de la noche cuento
Y PIENSO EN TI.....
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Yo pienso en ti
Fabiana quiso compartir su poesía con nosotros
Vos también podés enviarnos la tuya!!
Yo pienso en ti
Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.
En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de la luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.
Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de su nombre suena.
Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme, en ciego frenesí,
sin proferir un sólo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
y pienso en ti!
LO QUE LE AGREGO FABIANA
Si a veces silenciosa y pensativa
a tu lado me ves, querido mío,
es porque hallo en tus ojos la armonía
de un lenguaje tan dulce y expresivo.
Y eres tan mío entonces, que me privo
hasta de oír tu voz, porque creería
que rompiendo el silencio desunía
mi ser del tuyo, cuando en tu alma vivo.
¡Y estás tan bello, mi placer es tanto,
es tan completo cuando así te miro,
siento en mi corazón tan dulce en tanto,
que me parece, a veces,, que en ti admiro
una visión celeste, un sueño santo
que va a desvanecerse si respiro!
Fabiana Sotelo (Ubicate nena, que solo le agregaste 14 lineas al poema original, y eso se llama plagio)
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